La separación de
las acelgas

La triste historia de separación de las acelgas, es un relato breve, de una de mis experiencias en la comunidad espiritual en San Pablo, Brasil.

Vuelvo..., en la imaginación, a ese hogar que tuve en la montaña. Altísimas palmeras enredadas en plantas parásitas asfixiantes que las envuelven y atrapan. Gigantescos potus, filodendros escandalosos e inmensos, otras palmeras más bajas y gordas.

Estoy saliendo bien de la depresión por la muerte súbita de mi madre. Recupero el gusto y la risa. Me invitan a trabajar en la huerta, muy cerca del lago. Eso significa: bajar hasta el lago y subir la montaña para volver a la casa.

En la comunidad se habla poco, nunca estupideces, sólo cosas esenciales, pero nos reímos y divertimos con bobadas. El clima es amistoso, gran compañerismo y verdadero interés por el otro.

Confieso que no estoy acostumbrada a vivir así, rodeada de tanta solidaridad. ¡Qué bueno es! Nos sentimos hermanados en la búsqueda de significados y aprendizajes. Nos buscamos a nosotros mismos en esa selva de espejos.

Al llegar a la huerta, y antes de comenzar a trabajar, me explicaron que debía pasar a la tierra unos plantines de acelga, debía hacerlo con amor y concentración, eran plantitas muy pequeñas y vulnerables.

La distancia entre plantín y plantín, debía ser de dos palmas de manos abiertas. Es mejor que no estén tan cerca..., dijeron.., así pueden crecer más.

Escucho que alguien dice:_ “Se necesita espacio para crecer.” Lo escuché, lo registré, hoy, veinte años después, lo recuerdo. Se necesita "espacio" para crecer.

Seguí trabajando, las uñas negras de tierra. Luego de ubicar las acelguitas y plantarlas con delicadeza, las cubrí con una espesa manta de césped y otras hierbas húmedas. Así estarían protegidas hasta arraigarse, se las cuidaba del sol, y tendrían agua. Me despedí y las dejé. Subimos a la casa.

A los pocos días volví a la huerta y ví las acelgas... maravillosas: habían crecido muchísimo, estaban enormes, altas, erguidas, con hojas fuertes y brillantes. Un compañero, con mucha delicadeza, las abrió y me mostró que todas tenían uno o varios retoños pequeños, que había que separar de su madre para que pudieran crecer. Retoños de acelga. En ese momento (inolvidable), pensé en mis hijos adolescentes que estaban en casa, también para nosotros se acercaba el momento de separarnos. Ellos se irían a vivir solos. Ellos también necesitan un espacio propio para seguir creciendo. Confieso que me angustié tanto con las acelgas y la historia de separar los retoños de sus madres en ese momento, que me puse a llorar encima de las acelgas.

Esas son algunas de las cosas que a uno le pasa cuando vive concentrado y meditativamente. Todo es significativo. Nunca había pensado en lo que siente el que se va, me acordé de mis divorcios, el padre de mis hijos, la casa, esa distancia necesaria..., imprescindible para crecer. En ese momento, me dí cuenta de todo lo que pierde el que se va, y los que se quedan también. Seguí llorando.

Mis compañeros se preocuparon un poco por mí, no creyeron que las acelgas me iban a hacer ese efecto... me ayudaron. Separé todos los retoños de las acelgas de sus madres, y me convencieron que era lo mejor para todos, de este modo tendríamos más acelgas. Me sugirieron que no me quedara con esa imagen de las acelgas tan deprimidas y los retoñitos tan desvalidos, me dijeron que visualizara esos mismos retoños fuertes y crecidos, erguidos, tan altos como sus madres acelgas.

Me repitieron que era necesario separarse de los padres para poder crecer, yo pensaba en mis hijos. La acelga madre, pobrecita, estaba muy deprimida, caída, doblada de tristeza. La cubrimos otra vez con esa mezcla de pasto bien húmedo. Así podrían descansar y crecer. La tierra de las acelgas estaba removida. Mi tierra también estaba re movida.

Mis compañeros me sugirieron que no volviera enseguida, que esperara unos días, ellos me avisarían. ¡Qué experiencia increíble llorar encima de las acelgas!

Yo no había visto nunca, una acelga en tierra, siempre las ví en las verdulerías. Las acelgas me sorprendieron con las defensas bajas... vivir concentrada, sensibiliza y genera conciencia y lucidez. Me daba cuenta que estaba rodeada de mensajes que eran para mí, en tanto yo misma los reconociera así. Todo se había convertido en espejo. Las acelgas me hablaban de mí, de las separaciónes, los divorcios, la muerte, el crecimiento y despegue de mis hijos, la separación de las madres, sus retoños.

La separación entre mi madre y yo, era irreversible, había terminado una gran historia entre nosotras. La muerte es así.

A los pocos días me avisaron que podía bajar a ver las acelgas. Estuve pensando en ellas todo el tiempo... y ¡ahí estaban mis amigas las acelgas! verdes, erguidas, fuertes, con sus hojas sanas y brillantes y sus troncos firmes. No había diferencia entre las madres y los retoños, parecía que se habían multiplicado. Me emocionó verlas y comprender lo que me decían: separación, espacio, distancia, despegue, crecimiento. Mis amigas, las inolvidables acelgas, me dieron una flor de lección: se necesita espacio para crecer, hay separaciones que son inevitables y son buenas.

Al tiempo..., cuando volví a mi casa en Buenos Aires, consulté a una jardinera amiga sobre unas plantas de mi jardincito que no florecían.

Le pregunte: ¿por qué no florecen? Me respondió: Están muy juntas para florecer, necesitan más espacio. Las distanciamos y comenzaron a florecer.

Otra vez, la misma lección. Se trata de querer florecer, y a veces no queremos. Queridas e inolvidables acelgas.

Diciembre de 2008

Liliana Mizrahi

Es psicóloga clínica especializada en Psicoterapias de adultos y adolescentes en encuadres individuales y grupales; diseño de terapias vinculares, de pareja y familia; y coordinación de talleres vivenciales y de reflexión.

pachami.com/LilianaMizrahi

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Inés Olivero
12 de enero de 2009
Recuerdo que cuando leí La Mujer Transgresora, se lo regalé a todas mis amigas -entre ellas Diana Franzetti y Estela Basavilbaso que luego se trataron con vos-, me encantó. Tenemos edades e historias parecidas. También estuve en la Comunidad de Brasil y trabajé la tierra en la ladera de la montaña... Gracias por tu versión, ¡me volvió a esa experiencia que hice hace tantos años! www.inesolivero.com.ar www.apap.com.ar
Norma Minin
10 de enero de 2009
Hermosa manera de comparar,mi hija fue en busca de mas espacio ,y es feliz ,aunque la primer noche sola ,supe que lloro ,ahora esta como las acelgas ,pero me gustaria saber que siente el que se va ?
SOEMLA
8 de enero de 2009
Primera vez que visito esta pagina. Y en lo que me detengo es en tu articulo. Muy interesante.
R.Esther Moro
8 de enero de 2009
La vida es un enorme libro en el cuál pocas veces leemos Siempre tiene el mensaje que necesitamos si estamos atentos.Gracias por este relato,casi, casi pudé hasta tocar las tiernas acelguitas.
NORMA
28 de diciembre de 2008
SIEMPRE SE AYUDAN TUS ESCRITOS, TUS REFLEXIONES...Y TUS LIBROS...GRACIAS


Enviar correo a Liliana Mizrahiodas mis amigas -entre ellas Diana Franzetti y Estela Basavilbaso que luego se trataron con vos-, me encantó. Tenemos edades e historias parecidas. También estuve en la Comunidad de Brasil y trabajé la tierra en la ladera de la montaña... Gracias por tu versión, ¡me volvió a esa experiencia que hice hace tantos años! www.inesolivero.com.ar www.apap.com.ar

Norma Minin
10 de enero de 2009
Hermosa manera de comparar,mi hija fue en busca de mas espacio ,y es feliz ,aunque la primer noche sola ,supe que lloro ,ahora esta como las acelgas ,pero me gustaria saber que siente el que se va ?
SOEMLA
8 de enero de 2009
Primera vez que visito esta pagina. Y en lo que me detengo es en tu articulo. Muy interesante.
R.Esther Moro
8 de enero de 2009
La vida es un enorme libro en el cuál pocas veces leemos Siempre tiene el mensaje que necesitamos si estamos atentos.Gracias por este relato,casi, casi pudé hasta tocar las tiernas acelguitas.
NORMA
28 de diciembre de 2008
SIEMPRE SE AYUDAN TUS ESCRITOS, TUS REFLEXIONES...Y TUS LIBROS...GRACIAS


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