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Enamorarse
Por Liliana Mizrahi
Es primavera. Año1998. Cumplo 55 años. Soy una mujer sola, 2 divorcios, 2 hijos, varios libros, muchos viajes. Mi vida amorosa está detenida en un compás de espera desde hace varios años. No sé, nadie me gusta, no me enamoro. Mis amigas me dicen: “¡Sos exigente, sos demasiado pretenciosa y además no buscás!” Puede ser. Cada vez salgo menos. Sin embargo deseo un amor. Le digo a la Vida: “¡Deseo un amor, un gran amor! Es una materia que tengo que volver a cursar. ¿Debo aceptar esta realidad de abstinencia y soledad? No sé, no sé.” Me miro al espejo y siento que soy un desperdicio de mujer, todavía soy joven, atractiva, podría amar y hacer feliz a un hombre: “¡Amor mío ¿dónde te metiste que no te encuentro por ningún lado?” No puedo hacer nada, no está en mis manos. Tengo cosas pendientes en mi vida, por ejemplo: leer, leer lo eterno. Quiero ser una mujer que encuentra un amor, mientras busca otras cosas. Quiero que el amor me encuentre a mí. Lo planteo así: “Si la vida me está preparando alguna historia de amor, seguramente la va a poner en mi camino y alguien me va a ayudar a verla”. ¿Porqué? Es mi deseo y si es auténtico se va a realizar. Quiero recursar la materia amor en pareja. ¿Preparo un pedido claro de mi deseo y lo envío al universo? ¡Sí! Mientras tanto, hago todo lo que sí puedo decidir. Por ejemplo: mudarme de casa, terminar historias viejas, hacer una buena limpieza, tirar un montón de objetos, terminar cuestiones y dejar personas que me traban, salir del pasado. Hago el vacío, genero vacío ¿porqué? La naturaleza no soporta el vacío y alguien caerá en ese agujero. Publico este aviso en el cosmos: “Varón inteligente y con humor, (50 años en adelante), para cursar juntos materia “Gran Amor Maduro” y aprobarla juntos ”. Mando este aviso y agrego: Machistas, patriarcas, misóginos, abstenerse. El coro griego dice: “ Lo que vos querés ¡No existe! ¡Soñás!” ¡Siii, sueño! Pero si no existiera, no podría ni soñarlo. Todo, o casi todo, comienza en la imaginación. Mientras tanto, yo sigo adelante... Decido cursar, en calidad de alumna libre, algunas materias de Letras en la UBA. ¡Guauu! ¡Guauuu! ¡Rejuvenezco! En el contexto de la facultad, me confundo, a esta altura del partido, no sé quién soy, ni qué parezco, mis compañeros no me tutean... creen que soy una profesora, no me importa, a las profesoras les caigo bien. Sigo sembrando mi deseo: Camino debajo de un puente en el momento que pasa un tren y pido: “¡un gran amor, quiero un gran amor.” Entro a mirar las iglesias y voy derecho a Jesús y le digo: “Jesús, te pido por todos nosotros y para mí, en especial, un gran amor, si te parece bien”. Paso por Santa Rita, en Boulogne, entro, la saludo y le pido: ¡Un gran amor! Mientras tanto, curso un seminario sobre Beckett, que me parece fascinante. Sigo atendiendo pacientes y voy armando mi vida sola. Mis amigas no creen en mí, dicen que no tengo onda, que soy ortiba. Me invitan a fiestas de solos y solas... huyo... soy fóbica. Me ofrecen candidatos, amigos de sus amigos, citas a ciegas y yo... que no y que no. Sigo con la idea que la vida me va a preparar alguna historia y si no es así... bueno, lo importante es la capacidad de amor (digo yo), no el objeto de amor, hay tanta gente que necesita amor. ¡Ja..!¡ja..!¡ja..! El coro griego de mis amigas se burla de mí y se aleja. ¡No! No es cierto, no tengo mala onda. Curso Poesía Inglesa y Literatura Alemana en Filosofía y Letras. Materias maravillosas. Mientras tanto observo a los alumnos que brillan por su mala educación. Estudio, leo, tomo apuntes, me gusta volver a estudiar, me siento vital. Voy a los cafés de la facultad. No puedo negar que, por momentos estoy triste. La abstinencia amorosa es un animal grande y pisa fuerte. Me tiro en la cama y visualizo escenas apasionadas, situaciones de amor, divinas, también las dibujo. Un día..., el 5 de noviembre del 98, mi hermano me invita a una conferencia en el Centro Cultural Borges. Participa el profesor belga Vidal Sephiha, para quien Mitterrand creó una cátedra en la Sorbonne/París, para enseñar el idioma judezmo o ladino o español antiguo, que es la lengua de los judíos sefardíes, lengua que mi familia habla. Me interesa el tema y voy. Falté a la facu, me costó decidirlo. Vidal Sephiha, además, es sobreviviente de un campo de concentración: 5 años en Auschwitz. A la salida, mi hermano me dice: “Vení a cenar con nosotros, vamos a comer con él a Puerto Madero.” —¡Bueno voy! —¡Ah!... esperá, te presento a Pablo. —¡Mucho gusto, Pablo! —¡Hola! Pablo: canoso, un poco pelado, corbata, saco azul-pantalón gris, alianza de oro. ¡Hombres casados no! Es una ética. No me quiero distraer del sobreviviente, que me parece un hombre super interesante, me muestra el número del campo tatuado en su brazo, el mozo mira y cree que es su número de teléfono. Nos reímos. Pablo en silencio, no me habla, yo tampoco. Llamo a una amiga periodista de Página 12 y le digo: —¿Les interesa una nota con este profesor? Aceptan. —Mañana va el fotógrafo. Vuelvo a la mesa, mi lomo está frío. —Quiero hacerle una nota, —le digo a Pablo. —El tiene tiempo se queda quince días, me dice. —Soy yo la que no tiene tiempo... mañana. Y no le digo: “Tengo más de 50 y no quiero esperar para hacer lo que está a mi alcance y puedo hacer mañana”. “El que desea y no obra engendra peste” (Blake). Espero sólo por aquello por lo que no tengo más remedio que esperar. Hago la nota y sale el domingo. Hay una reunión de agasajo al profesor. Pablo compra todos los ejemplares de Página12 que puede y los reparte. Sin quererlo ni saberlo, voy sumando porotos a sus ojos. Pablo es agradable, pero no quiero a nadie con alianzas ajenas, quiero una alianza propia. Se me ocurre algo... digo: —Quiero hacer un video. Quiero su testimonio sobre Auschwitz, para las escuelas, dialogando con jóvenes. —Hay tiempo, —dice Pablo—, el año que viene, vuelve. —No, no, es ahora, el año que viene no sé si estoy yo. Me enamoré de la idea, filmarlo, hacerle preguntas, dejar un testimonio para los jóvenes. Hago un contacto con las escuelas ORT, y mandan sus cámaras para filmar las conferencias hablando del judezsmo en ladino (sumo más porotos). Cuando llega el día de la entrevista, las cámaras no pueden venir a filmar. ¡Ayyy! —¿Quién tiene una filmadora? —Yo... y filmo bien, me dice Pablo, un poquitito soberbio... pero él se da cuenta de lo que quiero y ayuda. _Filmá vos, Pablo. —Tengo trípode. —¡Mejor, mejor! Se filma la entrevista. Convoco alumnos de escuelas secundarias para que participen, las cámaras ORT vuelven, Pablo filma también. El testimonio acerca de Auschwitz es muy duro de escuchar, inolvidable, estamos todos dados vuelta. El profesor lloró, se despidió y volvió a París. Recogimos cables, cámaras, trípodes y Pablo pregunta: —¿Te acerco a tu casa, adónde vivís? —¡Ooohh, Casualidad, vivimos a 3 cuadras! Necesito digerir esta historia de Auschwitz, quiero calor humano, necesito algún contacto. —¿Tomamos un café? —Sí. —Cerca del río— Estoy muy conmovida con la entrevista—, ¿te molesta si te toco? —lo dije y me sorprendió escucharme. Él maneja y me mira sorprendido. —No, sí, tocame si querés. Brazos peludos, muy peludos ¡Ah! ¡Qué placer! Las manos llenas de pelos duros y de dedos rotundos. Él como si nada. ¿qué pensará? Dios mío, qué atrevida que soy. Bueno ¡Después de lo que escuchamos...! Acaricio el brazo a pelo y contrapelo, no me importa nada, hace tanto, tanto que no toco hombre... ¿él como si nada? Llegamos al río... me animé: —¿Te puedo besar? —Quiero saber qué siento. —¿Querés un beso? —me preguntó como si yo... qué se yo. Piquitos, piquitos chiquitos, chiquitos, varias veces, llegamos a un beso más profundo, más profundo, profundo y Pablo ¡buuuuuuum! Cae redondo al suelo. ¡Aayy! ¡Qué susto! cayó sobre el pasto ¡Un infarto! ¡Dios mío, qué hice! Lo ayudo a levantarse. —¿Estás bien? —¡Qué bien besás! —dice. —Tampoco es para tanto ¿qué te pasó? —Un mareo, nada. —¡Guauu! ¡Qué susto! ¿sos cardíaco? —No, no. Es mediodía. Vive solo y hoy va a firmar su divorcio, vive solo y no está casado. A la noche vino a buscarme a la facultad, sin alianza. ¡Hombre libre a estribor! ¡Tierra! Entramos en una autopista yyyy... nos perdimos. Vueltas y vueltas, años dando vueltas sin salida, ¿dónde está el camino? Dando vueltas en este amor que es un gran amor. Varios años, varias peleas siempre con reconciliaciones. Hermosos reencuentros. Presentamos el video “Mi Deseo de Vivir” en la Feria del Libro y nunca nos separamos. Fantástica simbiosis. Mis amigas, con la boca abierta, me miraban sin poder creerlo.¿mala onda yo? ¿ortiba yo? “Jesús: ¿Será éste el amor que pedí? ¿Cómo saberlo?”. Jesús me dice: —¿Usted lo quiere o no lo quiere? ¿qué quiere? —¡Sí, sí Jesucito, quiero, quiero! En el 2002 nos casamos con pan dulce, panderos y sidra para todo el mundo. ¡Nos casamos! Comimos perdices y somos felices. ¡Colorín colorado, esto no es un cuento... ni ha terminado, a los 55 años me he enamorado!
Julio de 2008
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