La nena, el violador y
los inquisidores                                                       Por Liliana Mizrahi

“Lo más humillante, para un ser humano es sentirse llevado y traído de aquí para allá, arrastrado sin opción, como si fuera realmente imposible elegir, ni tomar decisión alguna, porque alguien, que no se toma el trabajo de consultar, está tomando las decisiones por su cuenta.” María Zambrano.”Hacia un saber sobre el alma”

Podemos matar de muchas maneras. Esta vez es: negando el derecho a un aborto. Los seres humanos somos problemas vivientes, pero muchos, muchos, carecen de una lógica humanitaria comprensiva y compasiva. Una lógica del semejante.

Se destruye brutalmente la vida de niñas, jóvenes, mujeres, porque se han embarazado sin quererlo, y en vez de ayudarlas a salir de su dramática realidad y confortarlas en su difícil coyuntura, se las castiga imponiéndoles un embarazo no querido, fruto de un abuso incestuoso. Una verdadera expropiación psicológica, emocional y corporal. Un desalojo.

El padrastro violador expropia el cuerpo infantil, la desaloja de sí misma, se adueña de ella, aplasta su voluntad y le impide elegir. Hace lo que él quiere, lo que le brinda goce. Ella se convierte en un objeto manoseado y violado, que se embaraza. La madre pide un aborto, que le es negado. En ese momento, aparecen los otros perversos: los inquisidores, los mal nacidos, llamados pro-vida, asesinos, que otra vez la expropian de su voluntad, la someten, enturbian y ensucian su conciencia con tácticas que naturalizan la culpa y, en definitiva, la desalojan y expropian de sí misma, otra vez más.

Las tácticas de culpabilización sirven para debilitarla, la fragilizan, y de ese modo asumen el dominio y el control sobre ese cuerpo y esas vidas. Vidas que en realidad, no les interesan. La vulnerabilidad es muy grande. Esta nena de Mendoza, es una metáfora de miles de niñas, jóvenes y mujeres que mueren en abortos clandestinos, o abandonan los bebés en baldíos, en zaguanes, en bolsas de basura o enloquecidas de impotencia, los matan. Recordemos a Romina Tejerina, hoy en una cárcel en Jujuy.

La invasión/penetración violenta, de su cuerpo, (contra su voluntad), por parte de su padrastro, el violador, y la expropiación de su derecho, (y de su madre), a elegir y decidir sobre su cuerpo y su vida, en realidad es una tragedia, que importa a pocos.

Ellos, los jíbaros de la iglesia, los mal llamados pro-vida, ven la ocasión. Ella, la nena, no ha elegido nada, y en ningún sentido, no pudo defenderse nunca, no la defendieron, ni tiene quién lo haga por ella. Es chiquita. Lo que le toca vivir es infernal e intransferible.

Hay muchas maneras de matar: esta es una de ellas. Me pregunto: ¿alguien se da cuenta que es una nena? ¿ella se da cuenta que aún es una nena?

Esta gente ruin, es más ruin todavía, porque tiene poder. Nosotros, la sociedad democrática, que no obliga a nadie a abortar en contra de su voluntad, porque cree realmente en el derecho a elegir, mientras no demos la discusión a fondo, sobre la despenalización del aborto, contribuimos a que no pase lo que debería pasar. No hay atención médica segura, libre y gratuita. Y entonces, a los inquisidores, ¿los podemos desactivar o neutralizar? No, no vamos bien.

Antes teníamos un ministro que defendía la causa, ahora ni eso. El camino a la despenalización del aborto, no es fácil, y tampoco está facilitado.

Todos y todas estamos a favor de la vida, y también a favor del derecho a elegir sobre el propio cuerpo, y decidir nuestras maternidades. Sin embargo ese derecho, todavía, está en cuestión, y es un derecho humano, negado arbitrariamente.

Pregunto: ¿y qué pasa... con el padrastro violador de la nena? ¿Qué va a hacer la justicia con ese aborto humano, que hizo con ella lo que quiso? ¿Qué van a hacer los mal llamados grupos pro-vida, con ese engendro feroz? ¿lo van a vasectomizar? ¿lo van a castrar? ¿van a disponer de su cuerpo, como disponen del cuerpo de la niña? El padrastro violador, y los mal llamados pro-vida, se parecen entre sí. No conocen el respeto por el otro, no re-conocen al semejante, son incapaces de leer la totalidad de la realidad, no aman. Gozan, en el sentido perverso del término. Gozan haciendo lo que quieren con el otro.

¿A quién le importa una nena de 12 años, violada y abusada, que además deba pasar por una gestación, un parto... ¿una crianza? ¿Esto significa que matan dos pajaros de un tiro? La vida de esa nena, que nunca quiso ser violada ni abusada, viene mal y la de ese embrión en crecimiento que... nadie quiere, ni espera, ni desea ver, también llega mal a este mundo.

Los mal llamados pro-vida, se parecen. Son criminales. Son seres pro-muerte. Asesinan. En realidad, no defienden ninguna vida, lo que dicen es retórico, sólo defienden ese antiguo poder patriarcal sobre la fecundidad de las mujeres, y el goce perverso que esa acción ultrajante les provoca. Dominan.

Otra vez, el abuso de poder: esa capacidad ilimitada de aplastamiento y destrucción de la que hace uso el ser humano sobre otro ser humano. El abuso prende, y da sus frutos, cuando falta el reconocimiento del otro como semejante. El otro, como semejante, no existe para ellos. Otra vez más, ratifican su control, ignorantes de que son los verdaderos engendros de la naturaleza.

Ahí están, los seres oscuros al acecho, son los inquisidores, encapuchados, bárbaros de una iglesia medieval que camina para atrás. ¿Qué importancia tiene un filicidio más en medio de tanta basura? En los basurales, hay muchos niños nacidos que crecieron y rebuscan su comida en la basura, también hay recién nacidos, abandonados por todos. Se mata de muchas formas. ¿Y dónde están los mal llamados pro-vida, en los basurales, en las villas, en la calle, rescatando vidas? Hipócritas. Cabezas podridas por tanto axioma inútil... pero con poder.

Una de las cosas que sucede, es que el ser humano es crédulo, constitutivamente crédulo. Cree, necesita creer, necesita confiar, como una forma de aferrarse de algo, y creer que así puede salvarse del infierno que vive.

A veces, “La vida, en su espontaneidad, resulta monstruosa”, dice María Zambrano. La realidad, horrorosa e indeseada, es implacablemente impuesta, interpretada como un mandato divino y sagrado. Se puede destruir con indiferencia, y autoritariamente, la vida de una nena que recién despuntaba y quería florecer. ¿Es ahí, cuando la existencia se desliza peligrosamente y se vacía de sentido, y la realidad se convierte en un fantasma con el que no sabemos qué hacer? Sí, es el borde del abismo.

Todos estamos solos, es cierto, como estas nenas ultrajadas a diario, solitas con sus cuerpos embarazados, en una soledad sin descanso. Una precocidad no deseada, ni elegida. Solas, sin comprensión, ni justicia. Controladas, monitoreadas, sancionadas, culpabilizadas.

Un juez / una ministra / una presidenta / una iglesia. A tal crueldad y tal pasividad, el silencio. ¿Qué hacemos con la desesperación y la impotencia de los seres inocentes?

Octubre de 2008

Comentarios

Maruja P45
9 de octubre de 2008
Cómo siempre, tu punto de vista es IMPECABLE. Gracias por decirlo por nosotras.


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