Nueva Sion
Celebraciones
19/10/2007
A propósito del Día de la Madre
Autor: Liliana Mizrahi
Las madres judías son auténticas antigüedades en
el campo de la maternidad. Tienen más de 5700 años.
Son mujeres con mucho desierto caminado, mucha tierra prometida, mucho maná
del cielo, mucha tabla de la ley, mucha diáspora y la más grande y valiosa
colección de prepucios del mundo.
Son las madres elegidas por Dios, no sabemos para qué.
La Mater Judea es sagrada como la Torá, los rollos del Mar Muerto o El
Muro de los Lamentos. Es una reliquia que pasa de generación en generación,
de familia en familia, de mano en mano. O sea, no se pierde, no se transforma
y no desaparece. Es un objeto de colección.
Las madres judías revolucionarias tienen como
paradigma a Eva, la primera mujer transgresora.
Las contemporáneas prefieren como jefa espiritual a Golda Meir.
Las menopáusicas veneran a Sara, que fue ortodoxamente inseminada in vivo por
Dios a los 120 años y parió a Isaac.
Las progresistas reconocen a Agar (madre de Ismael y sierva de Abraham) como
el primer vientre alquilado y mujer precursora de las nuevas tecnologías
reproductivas.
Por último, las suegras judías adoran a Rut, la mejor nuera de la humanidad.
Ninguna traga al becerro de oro.
La madre judía eskenazi es una cosa y la sefaradí
es otra cosa. No confundir.
La eskenazi tiene piel blanca, ojos claros, usa anteojos y se pone roja al
sol.
La sefaradí tiene piel aceituna, usa lentes de contacto y en verano se pone
marrón.
O sea, que conviene ponerlas al sol para identificarlas. Las dos tienen manos
esponjosas para absorber.
La madre eskenazi manda a sus hijos al shule, baila rikudim y habla un poco en
idish y en hebreo. Tiene pelo lacio y va todas las semanas a la peluquería.
La madre sefaradí no manda a sus hijos al shule, habla en ladino o árabe, se
viste con mucho dorado y baila la danza del vientre. Tiene rulos debajo de la
peluca y si no usa peluca, se plancha.
La madre eskenazi, cuando sus hijos van al colegio, les llena los bolsillos
con kreplaj y leikaj y les da un termo con borscht. Cuando se resfrían, los
curan con una cucharada de jrein fuerte.
La madre sefaradí, cuando sus hijos se van al colegio les llena los bolsillos
con mamules, baklavá y kadaif. Y a la vuelta, si no comieron todo, les tira
con los boios por la cabeza.
- Cuando una madre judía tiene frío, todos deben
abrigarse.
- Si ella tiene hambre, todos deben comer.
- Si ella tiene miedo, todos deben temblar.
- Si ella se angustia es porque lo que está pasando es terrible.
- Si ella se despierta temprano, es hora de levantarse.
- Si ella está cansada y quiere dormir, todos deben acostarse.
- Si un hijo se resfría, ella estornuda.
- Si un hijo tiene fiebre, ella se pone el termómetro y transpira.
- Si una hija está pariendo, ella puja.
- Si un hijo rinde examen, ella sabe de cábalas.
- Si va en un auto al lado del conductor, frena en todas las esquinas y grita
en los semáforos.
La sacra mater judea es doble y se disocia así:
Dentro de la casa: se golpea el pecho porque está descontenta con sus hijos y
se los dice.
Fuera de la casa: saca pecho porque está muy orgullosa de esos mismos hijos y
se lo dice a todo el mundo.
Plegaria matutina
Cada día, la mater judea repite al amanecer:
"Gracias Dios mío por haberme convertido en madre.
Sufro, sufro, sufro. Luego, si tengo tiempo, veré si existo. Amén".
Con las madres judías no se juega. Se sufre.
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